El “cowboy” McCain sacude la solidez del “europeo” Obama

John McCain apretó los dientes y echó el resto en el segundo debate de la campaña ante un Barack Obama demasiado confiado que fue a remolque de la estrategia impuesta por el candidato republicano. El demócrata sacó su talante de regusto “europeo”, dialogante y conciliador en un duelo que McCain supo manejar, a pesar de sus evidentes limitaciones como orador. Obama fue tibio, amigable en la disputa con McCain y eso dio vida al republicano que salió reforzado en sus opciones, que aunque pocas, son reales. McCain, con su táctica de “cowboy”, sacó un valioso empate lo que a esta altura de la película seguramente le sabe a victoria. [...]

El senador republicano fue a por todas, a cuestionar la seguridad, la solvencia y la credibilidad Obama, quien apostó por un discurso más cordial, más enfocado en los problemas del país, pero no supo emplear su cordialidad con eficacia para rebatir a McCain, al menos para despejar las dudas que planteó el republicano constantemente sobre él.

A mi modo de ver -europeo, tengo que decir- Obama ofreció mejores respuestas y más realistas a las necesidades y desafíos de EEUU, pero fue distante, abstracto, elitista y poco convincente, especialmente en política internacional.

Sus punto fuerte fue su postura reformista sobre seguridad social. Su teoría de dar al estado poder negociador con las empresas para rebajar los costes de los seguros resultó finalmente más convincente que aumentar la liquidez de los ciudadanos para pagar las primas, postura de McCain.

El demócrata corrió riesgos. Se jugó la carta del intervencionismo estatal como remedio a los problemas, una baza que McCain trató de usar en su contra (no olvidemos que los estadounidenses han limitado el papel del estado en el mercado históricamente por temor al comunismo, socialismo… en pro de la libertad). Creo que Obama ganó por la mano.

Obama fue sólido a la hora de vender su plan económico. Prometió bajar los impuestos a los que más los necesitan (no a gente como nosotros, dijo refiriéndose a McCain y a él) y se defendió bien de los ataques de McCain, que trató de sembrar la duda sobre le pasado de Obama, sus amigos en empresas responsables del problema financiero, y su historial de impulsor de subida de impuestos.

Obama estuvo bien, pero McCain fue también convincente, al menos para arrojar incertidumbre sobre su rival. Un empate es lo mejor que sacó Obama por no responder a los desafíos de su contrincante con contundencia. Pasó de puntillas por el hecho de que McCain sea del mismo partido que Bush, el gran responsable de la situación económica que vive el país tras ocho años de políticas erróneas.

En materia medioambiental, que a priori era territorio Obama, McCain mantuvo el tipo con su defensa de energía nuclear.

McCain fue mejor en materia de política exterior. Obama se mostró titubeante y le permitió al republicano sacar provecho de su repetida postura respecto a Paquistán. El demócrata volvió a decir que si el país asiático no hace lo posible para acabar con los talibanes y los enemigos de EEUU que se refugian en su territorio, entonces ellos lo harían. Lo que es lo mismo, Obama no descarta atacar territorio paquistaní si fuese necesario.

McCain arrojó esa bomba contra el demócrata. “Obama atacaría Paquistán”, afirmó rápidamente McCain.

Sean o no convincentes los argumentos de Obama, que lo son muchos de ellos a mi manera de ver, el senador de Illinois se olvidó de intensificar sus palabras, estuvo demasiado relajado. De hecho, en dos ocasiones saltó de su silla, como a quién le pillan a despistado, y pidió un nuevo turno de réplica para contrarrestar el mensaje de McCain, metido en el trabajo sucio de desprestigiarle.

McCain llegó a asegurar que él sabía como atrapar a Bin Laden y que lo haría, pero sin atacar a Paquistán, sino trabajando con ellos.

Además, Obama lanzó su pesimismo sobre el poderío y el liderazgo de EEUU en materia militar. Dejó entrever la evidente imposibilidad de mantener la hegemonía estadounidense en el mundo mientras sufre de una galopante crisis económica e hizo un llamamiento para recuperar la confianza de sus aliados internacionales. Razón no le falta a Obama, pero cuando miles de soldados han muerto en Irak, el discurso derrotista favoreció a McCain.
“Yo traeré de vuelta a las tropas con honor y victoria, no humillados y derrotados”, dijo el republicano.

Obama sabía que el debate sería farragoso, con zancadillas y puñaladas por la espalda. Dejó pasar la oportunidad sacar partido de esa ventaja, la ventaja de saber la estrategia de su rival y utilizarla en su contra. Por eso, por dejar escapar vivo a McCain, fortalecido ante los ojos de sus seguidores, Obama no debería estar contento.

McCain se llenó la boca de “America”, de “todos juntos podemos”, de “creo en mi país”, “mi país primero”, se dirigió repetidamente a la audiencia como “my friends” (Obama utilizó “folks” aunque solo un par de veces) y fue vehemente, una vehemencia que nació de la necesidad de quien se ve cerca del K.O. y lucha como gato panza arriba. Miró a los ojos de Obama para recriminarle sus planes de política exterior y pareció sólido. La imagen de McCain, de hombre mayor y cansado, se fue tornando en firme y decidido. Se presentó amigo de los soldados, dio la mano a un invitado que había estado en el ejército… sin duda, se hizo querer.

Obama pecó de lejanía con la audiencia. En dos ocasiones habló de los problemas de los estadounidenses como algo que no les afecta ni a él ni a McCain, algo que aunque sea verdad es una torpeza porque destruye la empatía, la identificiación de los votantes con el candidato. Error de Obama.

Su tranquilidad, juventud y frescura, sin embargo le hicieron brillar en otros momentos, especialmente cuando supo asociar su nombre al de J.F. Kennedy -Obama comparó su plan para acabar con la independencia energética de Oriente Medio en una década con la apuesta de Kennedy para llegar a la luna en diez años: “Nadie sabía como se iba a lograr”- y también en las repetidas ocasiones en las que se presentó a sí mismo ante los votantes como presidente (si yo soy el presidente…)

McCain, demasiado concentrado en la yugular de su contrincante, destacó demasiado su capacidad de comandante en jefe y casi nada la idea de “presidente McCain”.

El final fue para Obama, al igual que el principio; justo lo que nuestras memorias suelen recordar mejor, el principio y el final de las historias, los desarrollos quedan difusos.
Arrancó la carcajada del público al decir que lo que no sabía se lo preguntaba a su mujer, mientras que McCain, que mostró una sonrisilla recurrente durante la hora y media de debate, se limitó a decir que no sabía era lo que pasaría en el futuro y hablo de su experiencia en los malos tiempos, por lo que terminó con un mensaje negativo. Error de McCain.

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