A pesar de las palmaditas en la espalda, las sonrisas, los piropos y demás parafernalia ‘jolibudiense’, a la meca del cine le ha quedado poco cuerpo para fiestas desde que la crisis económica hizo su “premiere” por todo lo alto en Wall Street, con un reparto de excepción sobre una alfombra de números rojos. Los altos ejecutivos se quedaron con la boca seca de liquidez y, como es habitual en este mundo de estrellas, pocos son los “amigos” que te llaman para invitarte a un trago financiero cuando los planetas se alinean en tu contra. Pero si ya sufren los estudios de cierta entidad, con recortes presupuestarios y despidos cada vez más frecuentes (Lionsgate y The Weinstein Company ya se desprendieron de personal), la cosa se pone más fea cuando se baja un escalón, el de las pequeñas productoras independientes.
Nadie quiere bailar con estas cenicientas a las que no les fía ni el tendero de la esquina. Poco importa si tienen una buena historia, si su enfoque es más humano o si tienen un equipo dinámico, con talento y barato. Para los últimos de la clase de Hollywood la banca ha cerrado sine die con un aséptico “vuelva usted mañana”.
Son sin embargo estas tesituras de la vida las que agudizan el ingenio y permiten la puesta en marcha de ideas que pueden llegar a reconfigurar el orden de las cosas.
¿Se podría financiar una película a base de donanciones de miles de pequeños inversores?, para la cineasta Alice Carin la respuesta es que sí. Ni corta ni perezosa esta desconocida publicó recientemente el siguiente anuncio en la revista The Nation: Leer el resto de esta entrada »